Así es la vida

En el mundo ocurren cosas muy extrañas.

Tan extrañas que me hacen sentir como un náufrago: perplejo ante las costumbres de los isleños y consciente de que un gran océano me separa de mis semejantes.

Al menos, puedo aliviar mi desasosiego escribiendo mensajes que reflejen mi perplejidad. Y puedo lanzarlos al mar.

Tumbado a la sombra de una palmera, los redacto, los paso a limpio, los enrollo y los meto en botellas de cristal; después, cierro las botellas lo mejor que puedo con los materiales disponibles: hoja de cocotero, hilo de piel de plátano y excremento de pájaro.

Finalmente, las botellas se hacen amigas del oleaje.

Y las veo alejarse...

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